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¿Cuello y axilas oscuras? ¡Puede ser acantosis nigricans!

 

La acantosis nigricans (AN), es un proceso caracterizado por engrosamiento de la piel e hiperpigmentación pardo-grisácea en forma de placas generalmente simétricas y con preferencia topográfica por los pliegues y caras de flexión de extremidades.
Se conoce que hay una hiperactividad de la epidermis y los fibroblastos con resistencia a la insulina periférica y elevación de los niveles de insulina en sangre en la que pueden influir factores genéticos y/o adquiridos.
En la pseudoacantosis el factor fundamental es el roce repetido que estimula a los queratinocitos y melanocitos.
Existen varias formas de muy distinto significado clínico:
1. Acantosis nigricans maligna. Asociada a neoplasia maligna, generalmente intraabdominal, que con frecuencia corresponde a un adenocarcinoma gástrico (estómago) pero también puede asociarse a carcinoma bronquial.
2. Acantosis nigricans benigna familiar. Herencia autosómica dominante.
3. Acantosis nigricans asociada a obesidad (pseudoacantosis nigricans).
4. Acantosis nigricans asociada a distintos síndromes, especialmente con cuadros de resistencia a la insulina.
5. Acantosis nigricans acral.
6. Acantosis nigricans unilateral.
7. Acantosis nigricans inducida por medicamentos (corticoides, estrógenos o ácido nicotínico)
8. Acantosis nigricans mixta.
En los pliegues (axilas, cuello, submamarios, periumbilicales, ingles, periné), la piel está engrosada, con mayor resalte del plisado normal, coloración oscura de aspecto sucio, y suele existir cierto prurito.
En estas mismas zonas se aprecian, a menudo, formaciones tipo fibromas blandos (acrocordón). La afectación de la mucosa oral, conjuntival y genital es posible con desarrollo de lesiones prominentes papilomatosas. Puede existir queratodermia palmoplantar y engrosamiento de la piel de los nudillos.
Como claves diagnósticas podíamos citar la presencia de placas papilomatosas parduzcas simétricas en pliegues y caras extensión extremidades, la presencia de lesiones tipo fibromas blando y la posibilidad de formaciones papilomatosas en mucosas, engrosamiento en palmas y plantas.
El diagnóstico diferencial clínico es fácil y se refuerza con la imagen histopatológica. Lo más importante es distinguir la forma maligna, de la hereditaria y de la asociada a obesidad.
Entre los datos sugerentes de malignidad reseñamos:
a) Aparición después de los 40 años.
b) Ausencia de antecedentes familiares y de obesidad.
c) Cuadro clínico florido.
d) Presencia de lesiones en mucosas y de dermatoglifos marcados en los dedos (paquidermatoglifos). Además, es posible su asociación con lesiones verrugosas diseminadas.
En los casos de AN maligna es fundamental la localización y tratamiento de la tumoración con lo que cede el cuadro. De forma sintomática se usan emolientes y queratolíticos (urea, alfahidroxiacídos, ácido salicílico, etc). En los casos de pseudoacantosis la clave terapéutica está en reducir peso.
¡Consulta a un dermatólogo!